miércoles, 7 de enero de 2009

Fernando Iwasaki, el escritor que logró el éxito literario gracias a sus numerosos fracasos amorosos


Por Jorge Queirolo Bravo, escritor y periodista

La literatura peruana contemporánea se ha destacado por la buena calidad de sus libros y gracias a ello acumula una enorme cantidad de éxitos en el mundo entero. ¿A quién, que guste de la lectura, no le suenan nombres como Alfredo Bryce Echenique, Mario Vargas Llosa, Jaime Bayly, Alonso Cueto, Santiago Roncagliolo y otros? Entre la nueva generación hay uno que destaca en especial y que es especialmente creativo. Se trata de Fernando Iwasaki Cauti, que además de ser un historiador notable, tuvo la tremenda osadía y valentía de publicar un libro que relata detalladamente sus fracasos amorosos, el cual además fue un sonado éxito comercial. Tuve la oportunidad de conversar con Fernando y así pude indagar acerca de sus puntos de vista y posturas, tanto personales como sobre la perspectiva de la literatura peruana y latinoamericana. Esto fue lo que me dijo.

JQB: ¿Cómo fue que se te ocurrió darle ese nombre al libro? ¿Quisiste contradecir al arcipreste de Hita? ¿Algún enojo con él?

FIC: En general soy un fetichista de los títulos. Muchos libros míos tienen un título lúdico. Por ejemplo, tengo un libro sobre fútbol que se titula “El sentimiento trágico de la liga”. Tengo otro que se llama “Helarte de amar”. Y como existe un “Libro de buen amor”, pues eso consiente que exista otro de “Mal amor”.

JQB: No solamente juegas con los títulos. Creo que también lo haces con las palabras en los textos. ¿Es así?

FIC: Siempre he pensado que los juegos de palabras también lo son de pensamientos. Uno juega no sólo con lo significante sino con los significados. Y eso es algo que aprendí leyendo a Guillermo Cabrera Infante.

JQB: ¿Podría decirse que Guillermo Cabrera Infante es en cierta forma un referente dentro de tu obra literaria?

FIC: Sí. Creo que los maestros literarios nunca son necesariamente de tu propio país. Considero que le debo más a Borges, Cortázar y Cabrera Infante antes que a cualquier otro escritor peruano. Y por supuesto a Stendhal. Esta novela es muy stendhaliana.

JQB: Entre los peruanos, ¿existe alguno al que admires en particular?

FIC: Sí, a Mario Vargas Llosa. Sobre todo a Mario Vargas Llosa, quien me parece algo más que un escritor. A Bryce Echenique y a Ribeiro los admiro mucho, pero creo que Vargas Llosa es un punto aparte.

JQB: ¿Tanto fracaso amoroso es producto de experiencias propias?

FIC: En esta novela sí y podría haber contado muchas más, porque creo que en materia amorosa el éxito es relativo cuando no discutible. Cuando un hombre presume de mucho éxito con las mujeres, habría que preguntarle a esas féminas si recuerdan a ese individuo como un éxito en sus vidas, como un momento memorable en sus existencias.

JQB: Supongo que también tuviste historias de amor exitosas.

FIC: Tuve tres y con la tercera me casé.

JQB: ¿Se puede hacer tantas peripecias como las que narras en el libro para conseguir éxito en el amor?

FIC: Creo que me he quedado corto. La gente hace muchas más cosas, pero no quiere admitirlo ni recordarlo. Lo más rocambolesco que he hecho para conquistar a una mujer es tocar guitarra en misa.

JQB: ¿Cómo fue eso? Cuéntame un poco.

FIC: Me enamoré de una chica que era muy religiosa. Trataba de aprovechar todos los momentos posibles para estar junto a ella. Lo que más me gustaba era darle la paz. Por darle la paz habría sido capaz de ir hasta tres veces al día a misa. Lo que fuera.

JQB: ¿Y resultó algo con ella?

FIC: Nada. Ella continúa siendo monja, lo que quiere decir que reafirmé su vocación.

JQB: ¿Siendo historiador, no es Neguijón una crítica velada, pero severa, a la iglesia católica y sus acciones a través del tiempo?

FIC: Sí, claro. Pero critico tanto a la iglesia como a la feligresía. Es decir, creo que mucha gente que se autodenomina creyente o practicante no es ni una cosa ni la otra. O son más creyentes que practicantes.

JQB: ¿No le temes a la crítica de los sectores conservadores, que especialmente en el Perú son muy fuertes y poderosos?

FIC: Desde hace muchos años que me critican y no solamente en el Perú, sino en España. Aunque a veces me ha criticado más la gente que se supone que piensa como yo. Y siempre es mejor la crítica a la unanimidad.

JQB: ¿La beata Luisa Melgarejo, no es, en cierta forma, una representación del poder maquiavélico y maligno de la iglesia católica sobre sus fieles?

FIC: Ella existió realmente y fue procesada por la Inquisición de Lima. Por lo tanto, ella más bien encarna a quienes deseaban vivir la fe fuera de la vigilancia de la iglesia católica. La misma creencia en el “Neguijón” implicaba un deseo de interpretar el mundo sin las anteojeras de las sagradas escrituras.

JQB: ¿Y qué le hicieron a la beata Melgarejo?

FIC: En 1620 fue condenada en un auto de fe y desde entonces llevó una vida más bien discreta y protegida por los jesuitas, a quienes dejó su fortuna. Era una mujer rica.

JQB: ¿Seguirá siendo el “Siglo de Oro Español” el tema para otra novela tuya?

FIC: No, por el momento no. Ahora me interesa el siglo XIX para hacer una crítica de los nacionalismos.

JQB: ¿En qué sentido quieres criticar los nacionalismos?

FIC: Me gustaría hacer una caricatura de los nacionalismos y para eso prefiero trabajar sobre el siglo XIX, que es una etapa de caudillos militares, golpes de estado y dictaduras rocambolescas, de las que nadie habla, como si todas esas lacras hubieran desaparecido para siempre.

JQB: ¿Te refieres al espectro latinoamericano en general?

FIC: Sí.

JQB: ¿El tema histórico seguirá entonces primando en tu obra? Te lo pregunto porque incluso en el libro del “Mal Amor” existen muchos elementos que se relacionan con la historia.

FIC: Sería imposible no utilizar literariamente la historia después de haberle dedicado tantos años de mi vida, ya sea estudiándola o investigándola.

JQB: ¿Te consideras más historiador o novelista?

FIC: Novelista. Más escritor que novelista. Un escritor puede escribir ensayo, cuento, novela, etcétera. Incluso un escritor puede escribir historia.

JQB: ¿Qué fue lo que te llevó a ser escritor?

FIC: La lectura. Uno antes de ser escritor tiene que ser lector. No sería escritor si no hubiera leído mucho previamente. Sin la lectura no me habría sentido seducido para escribir.

JQB: Alguna vez dijiste que una imagen vale más que mil palabras. Según eso, ¿no sería mejor hacer fotonovelas?

FIC: Dije eso porque en la novela aparecen reproducciones de las herramientas de los sacamuelas. Basta ver una imagen escaneada de aquellas tenazas y escoplos, para imaginarse cómo serían trasteando en nuestra dentadura.

JQB: ¿Te aterra mucho la idea de sentarte en el sillón de un dentista?

FIC: No me hace feliz. Existen muchos lugares en los que me gustaría estar antes que en la consulta del dentista, con todo mi respeto para esa extraordinaria profesión.

JQB: Como escritor peruano, ¿cuál es tu imagen de la literatura chilena?

FIC: Considero que la literatura chilena tiene figuras muy importantes. Entre los desaparecidos están José Donoso, Juan Emar y Roberto Bolaño. Luego tienes a Jorge Edwards, Carlos Franz, Arturo Fontaine, Gonzalo Contreras, Alberto Fuguet, Andrea Maturana, Alejandra Costamagna, Rafael Gumucio, Pablo Illanes y Pedro Lemebel, cuyos libros he disfrutado. Estoy recordando también a Carlos Tromben y a Jaime Collyer. Los libros de crónicas de Joaquín Edwards Bello y Augusto D´Halmar también son parte de esta enumeración.


© Jorge Queirolo Bravo

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